Texto El Ensayo II - V

PARTE II

CAPÍTULO V

DE LA DESIGUALDAD DE LA CIRCULACIÓN DE LA MONEDA FUERTE DE UN ESTADO


II.V.I La ciudad siempre suministra varias mercancías al campo, y los propietarios de la tierra que viven en la ciudad deberían rcibir allí alrededor de un tercio del producto de su tierra. El campo debe a la ciudad más de la mitad del producto de la tierra. Esta deuda siempre excedería a la mitad si todos los propietarios de la tierra viviesen en la ciudad, pero varios de los menos importantes viven en el campo, por lo que supongo que el saldo o deuda que continuamente vuelve del campo a la ciudad es equivalente a la mitad del producto del campo y es pagada en la ciudad y la mitad de los productos del campo son transportados a la ciudad y vendidos para pagar su deuda.

II.V.II Pero todo el campo en conjunto de un estado o reino debe estar en equilibrio constante con la ciudad, tanto por las Rentas de los más importantes terratenientes que residen allí como por los impuestos del estado o de la corona, la mayoría de los cuales son gastados en la capital. Todas las ciudades de provincia debe un saldo o deuda constante a la capital, ya sea por el estado o para el consumo de las casas o para pagar los productos que se elaboran en la ciudad. Sucede también que varios individuos y terratenientes que viven en las ciudades de provincia suelen pasar algún tiempo a la capital, por placer o para la resolución de sus demandas de casación o porque envían a sus hijos allí para que reciban una educación de moda. Consecuentemente todos estos gastos que proceden de las capitales de provincia son efectuados en la capital.

II.V.III Suele decirse que todo el campo y todas las ciudades de un estado deben regular y anualmente un saldo o deuda a la capital. Pero como todo es pagado en dinero, es evidente que las provincias siempre deben sumas considerables a la capital; los productos y mercancías que las provincias envían a la capital son vendidos allí por dinero, y con él es pagado este balance o deuda.

II.V.IV Supón ahora que la circulación del dinero, tanto en las provincias como en la capital, es igual, tanto en cantidad como en velocidad de circulación. El saldo primero es enviado a la capital enefectivo y esto disminuirá la cantidad de dinero en las provincias y la aumentará en la capital, y por lo tanto, las materias primas y productos básicos serán más caros en la capital que en las provincias, a causa de la mayor abundancia del dinro en la capital. La diferencia de precios en la capital y en las provincias debe pagar los costes y riesgos del transporte, de lo contrario, el efectivo será enviado a la capital para pagar el saldo y esto continuará hasta que los preciuos en la capital y en las provincias lleguen al nivel de dichos costes y riesgos. Entonces los mercaderes y empresarios de las ciudades con mercado comprarán a bajo precio los productos de las aldeas y pueblos y los enviarán a la capital para ser vendidos allí amayor precio: y esta diferencia de precio paga el amntenimiento de los caballos y siervos y los beneficios de los empresarios, o de lo contrario, cesarían en su empresa.

II.V.V De lo anterior se deduce que el precio de las materías primas de igual calidad será siempre mayor en los lugares cercanos a la capital que en aquellos más distantes en proporción a los costes y riesgos del transporte; y en los lugares ribereños a los mares y rios que pasan o están al lado de la capital obtendrán mejores precios por sus productos en proporción a aquellos más distantes (permaneciendo otras cosas iguales) porque el transporte por agua es menos caro que el terrestre. Por otra parte, los productos y artículos pequeños que no pueden ser consumidos en la capital, porque no son adecuados o porque por su volumen no pueden ser enviados allí, serán infinitamente más baratos en el campo y en las provincias más distantes que en la capital, debido a la cantidad de dinero circulando por ellas, que es mucho más pequeño en las provincias distantes.

II.V.VI Por lo tanto, los huevos, la mantequilla y la leña en general serán mucho más baratos en el distrito de Poitou, mientras que los cereales y los caballos serán más caros en Paris, y sólo por la diferencia del coste y del riesgo del transporte y las tasas para entrar a la ciudad.

II.V.VII Sería fácil hacer un número infinito de deducciones del mismo tipo para justificar mediante la experiencia la necesidad de una desigualdad en la circulación del dinero en las diferentes provincias de un gran estado o reino, y para demostrarle que esta desigualdad es siempre relativa al saldo o deuda que pertenece a la capital.

II.V.VIII Si suponemos que el saldo que se le debe a la capital es de un cuarto del producto de la tierra de todas las provincias de un estado, el mejor uso que se le puede dar a la tierra de las regiones que bordean la capital es producir el tipo de productos que no pueden ser traídos de las provincias distantes sin deterioro o por un coste excesivo. Esto es de hecho lo que siempre ocurre. Los precios de mercado de la capital actuan como una norma para que los granjeros emplean la tierra para tal o cual propósito, y normalmente son para cultivos de huerta o pastos.

II.V.IX Siempre que sea posible, las manufacturas de tela, lino, ropa fina, etc., deben ser creadas en las provincias remotas; y en las cercanías de las minas de carbón, bosques, que no sean útiles por la distancia, manufacturas de hierro, estaño y cobre. De esta manera, los productos terminados podrían ser enviados a la capital a un coste de transporte mucho menor que sus materias primas para ser elaboradas en la capital y las subsistencias de los artesanos que trabajan allí. Esto salvaría a una cantidad de caballos y carreteros, que estarían mejor empleados en beneficio del estado. La tierra serviría para mantener sobre el terreno a trabajadores y a mecánicos útiles; y una cantidad de caballos, que sólo sirven para transportes innecesarios, se salvarían. De este modo, las tierras distantes tendrían mayores rendimientos y podrían pagar mayores alquileres a sus propietarios y la desigualdad de circulación entre las provincias y la capital sería mejor proporcionada y menos considerable.

II.V.X Sin embargo, el establecimiento de manufacturas del modo narrado, no sólo necesitaría mucho estímulo y capital sino también alguna manera de asegurar una demanda regular y constante, bien en la capital mismo o en los países vecinos, cuyas exportaciones pueden estar al servicio de la capital, bien por el pago de las mercancías que se extrae de estos países extranjeros, o bien por el retorno de plata en especie.

II.V.XI Cuando estos talleres de manufacturas están establecidos, la perfección no está lograda inmediatamente. Si alguna otra provincia produce mejor o más barato, bien sea debido a la vecindad de la capital o a la conveniencia de las comunicación por río o por mar, con lo que el transporte se verá considerablemente facilitado, las manufacturas en cuestión no tendrán éxito. Todas estas circunstancias deben tenerse en cuenta en la creación de un taller de manufacturas. No tengo el propósito de tratarlo en este Ensayo, pero sólo quiero sugerir que, tanto como sea posible, las amnufacturas deberían establecerse en las provincias distantes de la capital, para que sea más importante y lograr allí una circulación menos desproporcionada en relación a la de la capital.

II.V.XII Cuando una provincia distante no tiene manufacturas y produce sólo materias primas ordinarias, sin comunicaciones fluviales con la capital o el océano, es asombroso como escasea el dinero comparado con el que circula en la capital y cuan poco las mejores tierras producen para el Príncipe y los propietarios que residen en la capital.

II.V.XIII Los vinos de la Provenza y el Languedoc, para enviarlos al norte, dan la vuelta por el estrecho de Gibraltar, y tras una larga y dificultosa travesía, después de haber pasado por las manos de varios comerciantes, dan muy poco rendimiento a los propietarios de esas tierras que viven en París.

II.V.XIV Sin embargo es necesario que estas provincias lejanas envíen sus productos, a pesar de todos los inconvenientes del trasnporte y la distancia a la capital o a cualquier otro lugar, bien sea en el estado o en los países extranjeros para conseguir los retornos necearios para el pago del saldo pendiente con la capital. Pero este producto podría ser consumido en el lugar si hubiesen obras o fábricas para pagar esta deuda, en cuyo caso el número de habitantes podría ser mucho mayor.

II.V.XV Cuando la provincia paga la deuda con la capital sólo con sus productos que dejan tan poco por cual del trasnporte a tan largas distancias, es evidente que el propietario que vive en la capital, paga el producto de mucha tierra en el campo y a cambio recibe muy poco en la capital. Esto surge por la desigualdad del dinero, y esta desigualdad se produce a causa de la constante deuda que le debe la provincia a la capital.

II.V.XVI En la actualidad, si un estado o nación suministra a todos los países extranjeros con el trabajo de sus propias manufacturas, conseguirá un saldo favorable de dinero del extranjero y la circulación será más abundante que en los países extranjeros y consecuentemente, la tierra y el trabajo se volverán gradualmente más caros. Se sigue que, en todas las ramas del comercio, si las circunstancias continuan, el estado en cuestión intercambiará una menor cantidad de tierra y trabajo con los países extranjeros por una cantidad mayor.

II.V.XVII Pero si algunos extranjeros residen en el estado en cuestión, estarán más o menos en la misma situación y circunstancias que los propietarios de tierras que viven en Paris y que tienen sus tierras en distintas provincias.

II.V.XVIII Francia, desde la erección en 1646 de las manufacturas de telas y otras construcciones, se presentó al comercio, al menos en parte, en la forma descrita. Desde la decadencia de Francia, Inglaterra ha tomado la possión de este comercio; y todos los estados que parecen florecientes toman parte en él. La desigualdad de la circulación del dinero en los diferentes estados, siempre que lo demás permanezca igual. constituye la desigualdad en su respectivo poder; y esta desigualdad de circulación es siempre respectiva a la balamza de comercio exterior.

II.V.XIX Es fácil juzgar, por lo que se ha dicho en este capítulo, que la evaluación del impuesto del diezmo real hecha por el señor de Vauban, no sería ni conveniente ni viable.


CAPÍTULO VI

Texto El Ensayo II - IV



PARTE II

CAPÍTULO IV

UNA REFLEXIÓN POSTERIOR SOBRE LA RAPIDEZ O LENTITUD DE CIRCULACIÓN DEL DINERO EN CAMBIO

2.4.1 Supongamos que el granjero paga 1.300 onzas de plata por un trimestre a su propietario, quién paga cada semana 100 onzas al panadero, carnicero, etc., y estos pagan al granjero esas 100 onzas, así que el granjero recolecta cada semana esas 100 onzas que el granjero gasta. En este caso, debe haber siempre 100 onzas en circulación constante, las otras 1.200 onzas permanecerán en parte en manos del propietario y en parte del granjero.

2.4.2 Pero raramente sucede que los propietarios gastan sus rentas en una proporción regular y fija. En Londres cada vez que un terrateniente recibe su renta, la pone en manos de un Goldsmith o banquero, quién recibe a préstamo este dinero con intereses, así que esta parte está en circulación. O alternativamente el terrateniente gasta una buena parte de la Renta en varias cosas necesarias para su casa, y antes de que llegue el alquiler del próximo trimestre, pedir prestado. Así, el dinero del primer trimestre de alquiler circula de mil maneras diferentes antes de que pueda ser reunido en las manos del granjero para pagar su segundo trimestre.

2.4.3 Cuando el pago para el segundo trimestre ha llegado, el agricultor vende sus productos en grandes cantidades, y aquellos que compran su ganado, maiz, forraje, etc., ya han recogido el importe de ellas al por menor. El dinero del primer cuarto ha circulado por los arroyos de las pequeñas transacciones antes de ser recogidos por los distribuidores al por menor, y estos lo entregarán al granjero, quién paga con este dinero su segundo trimestre. Parece que menos dinero contante y sonante del que hemos supuesto sería suficiente para la circulación de un estado.

2.4.4 El trueque no requiere dinero en efectivo. Si un cervecero suministra a un pañero la cerveza para la familia de este, y a cambio, el pañero suministra al cervecero las telas que este necesita, y ambas transacciones se realizan al precio de mercado del día de la entrega de cada producto, sólo se necesita el dinero en efectivo para liquidar las dos operaciones.

2.4.5 Si un comerciante de una ciudad con mercado envía a un corresponsal en la ciudad productos del campo para la venta, y si este envia a la primera ciudad mercancías consumidas en el campo, el negocio que dura todo el año entre estos dos comerciantes, la confianza mutua les lleva a liquidar sus cuentas a sus respectivos precios de mercado, el único dinero real sólo es necesario para pagar el saldo resultante que le debe una parte a la otra a final de año. Incluso este saldo puede llevarse al año siguiente sin necesidad de realizar ningún pago en efectivo.Todos los empresarios de una ciudad, que tienen continuamente negocios los unos con los otros, pueden usar este método. Estos intercambios mediante valoración parece que economizan mucho dinero en circulación, o al menos acelera este movimiento, por lo que hace innecesario que el dinero pase por varias manos por las que tendría que pasar sin este método de intercambio por valoración. No es sin razón que se suele decir que el crédito comercial hace menos escaso el dinero.

2.4.6 Los Goldsmiths son banqueros públicos, cuyas notas pasan de mano en mano como dinero en efectivo, contribuyen también a aumentar la circulación, que se vería retardada si fuera necesario el dinero para todos los pagos que son efectuados con esas notas: y aunque esos Goldsmiths y banqueros siempre guardan en su mano una buena parte del dinero que ellos han recibido por sus notas, también ponen en circulación una gran cantidad de su dinero real como explicaré más tarde al hablar de los bancos públicos.

2.4.7 Todas estas reflexiones parecen probrar que la circulación de un estado puede ser llevada a cabo con mucho menos dinero real del supuestamente necesario; pero las inducciones siguientes parecen que pueden compensarlas y contribuir a ralentizar la circulación.

2.4.8 En primer lugar, se observa que todos los productos del campo son suministrados por el trabajo, que posiblemente, como ya se sugiere con frecuencia, puede realizarse con poco dinero o nada. Pero todas las mercancías hechas en las ciudades o en las ciudades con mercado deben pagarse con dinero real. Si la construcción de una casa costó 100.000 onzas de plata, toda esta suma o la mayor parte de ella ha debido ser pagada en pequeñas cantidades semanales al ladrillero, albañiles, carpinteros, etc., directa o indirectamente. El gasto de las familias más humildes, que son siempre las más numerosas en la ciudad, es necesariamente con dinero real. En estos pequeños intercambios, créditos, anotaciones en cuenta y facturas no pueden tener lugar. Los mercaderes o comerciantes demandan dinero en efectivo por las cosas que ellos ofrecen: si dan crédito a una familia por unas semanas o meses, necesitan una cantidad de dinero importante. Un constructor de carruajes que vende su coche por 400 libras de plata en notas de banco, tendrá que canjearlas por dinero real para pagar todos los materiales y los hombres que han trabajado en este coche si ellos han trabajado a crédito o les ha pagado ya para empezar un carruaje nuevo. La venta del carruaje liberará su beneficio y podrá gastarlo para mantener a su familia. No podía estar satisfecho con las notas bancarias a menos que pueda apartar algo y colocar el resto a interés.

2.4.9 El consumo de los habitantes de un estado es, en cierto sentido, destinado a la comida. La ropa, los muebles, etc., corresponde a la comida de los hombres que trabajaron en ello. Y en las ciudades, toda la comida y bebida se ha de pagar en efectivo. Los terratenientes que viven en la ciudad pagan la comida una vez a la semana o diariamente; el vino cada semana o cada mes; los sombreros, medias y zapatos se pagan en efectivo y al menos, los pagos corresponden con dinero en efectivo para los hombres que han trabajado en ellos. Todas las sumas que sirven para pagar grandes importes son divididas, distribuidas y se diseminan en pequeños pagos correspondientes al mantenimiento de los trabajadores, empleados domésticos, etc., y todas estas sumas son necesariamente recolectadas y reunidas por los empresarios y minoristas que se dedican a suministrar la subsistencia de los habitantes y que hacen grandes pagos cuando compran los productos de los granjeros. Un empleado de taberna recolecta las sumas que paga al cervecero en soles y libras, el cual las usa para pagar los granos y materiales que compra del campo. Uno no puede imaginarse nada comprado con dinero en efectivo en un estado, como muebles, mercancías, etc., que no correspondan al mantenimiento de aquellos que la han trabajado.

2.4.10 La circulación en las ciudades es realizada siempre por los empresarios y siempre corresponde directamente a la subsistencia de los empleados domésticos y trabajadores, etc. No es concebible que las pequeñas transacciones puedan ser efectuadas sin efectivo. Las notas bancarias pueden servir como contadores en los grandes pagos durante algún tiempo. Pero cuando las grandes sumas se distribuyen y diseminan en pequeñas transacciones, como más pronto o más tarde sucede en las ciudades, las notas bancarias no sirven para ese propósito y se necesita dinero en efectivo.

2.4.11 Se presuponía todo esto, todas las clases en un estado que practican la frugalidad, guardan y sacan de la circulación pequeñas cantidades de efectivo hasta que han reunido bastante para invertir a interés o beneficio. Mucha gente miserable y tímida entierra y acumula efectivo por períodos considerables.

2.4.12 Muchos propietarios de tierras, empresarios y otros siempre guardan algo de efectivo en sus bolsillos o cajas fuertes para emergencias imprevistas y no encontrase sin dinero. Un caballero observó que nunca llevaba menos de 20 luises en sus bolsillos durante todo el año. Se podría decir que en sus bolsillos mantenía 20 luises fuera de la circulación durante todo el año. A uno que no le gusta gastar hasta el último céntimo, y prefiere recibir una nueva entrega, incluso antes de pagar una deuda con el dinero que tiene.

2.4.13 El capital de los que tienen poco capital a menudo es depositado en efectivo y fuera de la circulación.

2.4.14 Además de los grandes pagos que pasan por las manos de los colonos cada trimestre, hay muchos otros pagos en los mismos términos, de un empresario a otro, y de los prestatarios a los prestamistas. Todas estas grandes sumas se recolectan en el comercio minorista, son diseminadas fuer de nuevo y regresan tarde o temprano al colono: pero parece que requieren una mayor cantidad de efectivo para su circulación que si esos pagos se hubiesen hecho en pequeñas cantidades en momentos diferentes por los empresarios y prestatarios cuando pagan a los colonos por sus productos.

2.4.15 En fin, hay tanta variedad en los diferentes órdenes de los habitantes del estado y en la correspondiente circulación de su dinero real, que parece imposible establecer cualquier cosa precisa o exacta en cuanto a la proporción de dinero suficinete para la circulación. Mi conclusión, confirmada por los que me han aportado tantos ejemplos e inducciones sólo para dejar claro que no estoy lejos de la verdad, es que "el dinero en efectivo necesario para la circulación de un estado corresponde casi al valor de un tercio de las Rentas anuales de los terratenientes". Cuando los propietarios tienen una Renta que es superior a un tercio hasta la mitad, una mayor cantidad de dinero en efectivo se necesita para la circulación, en igualdad de condiciones. Cuando hay una granconfianza en los bancos y en sus cuentas, se necesitará menos dinero, como también cuando la circulación se acelera de cualquier forma. Pero voy a mostrar más tarde que los bancos públicos no ofrecen tanta ventaja como se suele suponer.


CAPÍTULO V

Texto El Ensayo II - III

PARTE II

CAPÍTULO III

DE LA CIRCULACIÓN DEL DINERO

2.3.1 Es de la opinión general en Inglaterra que un granjero debe ganar tres rentas. La principal y verdadera Renta que paga al propietario, supuestamente igual a un tercio del valor de la producción, una segunda renta para el mantenimiento de sus hombres y caballos que emplea para cultivar la granja, y un tercio que debe permanecer con él para hacer su empresa rentable.

2.3.2 La misma idea se obtiene generalmente en los demás países de Europa, aunque en algunos, como el Estado de Milán, los granjeros dan al terrateniente la mitad del producto en vez de un tercio, y muchos terratenientes en todos los países tratan de ceder sus granjas a la mayor renta que les sea posible obtener; pero cuando esta es superior a un tercio de la renta, los granjeros son generalmente muy pobres. No dudo que los terratenientes chinos obtengan más de tres cuartos del producto.

2.3.3 Sin embargo, cuando un granjero tiene cierto capital para llevar a cabo la gestión de su granja, el propietario, que le cede la granja por un tercio del producto, estará seguro del pago y estará mejor con dicho acuerdo que si cede su granja a una mayor tasa a un granjero miserable a riesgo de perder toda su renta. Cuanto mayor sea la granja, mejor el granjero será. Así sucede en Inglaterra, donde los granjeros son generalmente más prósperos que en otros países donde las granjas son más pequeñas.

2.3.4 El supuesto que voy a hacer en esta investigación en cuanto a la circulación del dinero es que los granjeros ganan tres rentas y gastan la tercera renta en vivir más confortablemente en vez de ahorrarla. Este es, de hecho, el caso del mayor número de granjeros en todos los países.

2.3.5 Todos los productos del país vienen, directa o indirectamente, de las manos de los granjeros, así como los materiales de los cuales las mercancías son hechas. Es la tierra la que produce todo, excepto el pescado, e incluso los pescadores que capturan el pescado se mantienen del producto de la tierra.

2.3.6 Las tres rentas del agricultor deben, por tanto, ser consideradas como las principales fuentes, o por decirlo así, la principal corriente de circulación del Estado. La primera renta se debe pagar al propietario en dinero. Para la segunda y la tercera rentas se necesita el dinero para adquirir el hierro, estaño, cobre, sal, azucar, telas y generalmente para todas las mercaderías de la ciudad consumidas en el campo. Pero todo esto apenas excede la sexta parte del total de las tres rentas. En cuanto a la comida y la bebida de la gente del campo, no se necesita el dinero para obtenerla.

2.3.7 El agricultor puede hacer su propia cerveza o vino sin gastar nada de efectivo, puede hacer su propio pan, matar los bueyes, ovejas, cerdos, etc. que se comen en el campo: puede pagar con cereales, carne y bebidas a la mayoría de sus asistentes, no sólo a sus trabajadores, sino también a los artesanos del campo, valorando su producción a los precios de los mercados más cercanos y el trabajo a los precios ordinarios de la localidad.

2.3.8 Las cosas necesarias para la vida son comida, ropa y alojamiento. No es necesario el dinero en efectivo para obtener comida en el campo, como acabo de explicar. Si los tejidos y linos más burdos son hechos en el campo, si las casas son construídas allí, como a menudo sucede, el trabajo necesario para todo ello debe ser abonado mediante el trueque sin que el efectivo sea necesario.

2.3.9 El único dinero que se necesita en el campo es para la Renta principal del terrateniente y para la adquisición de las manufacturas que el campo necesariamente ha de obtener de la ciudad, como cuchillos, tijeras, alfileres, agujas, ropas para algunos agricultores de buena clase, utensilios de cocina, platos y todo lo que generalmente se obtiene de la ciudad. Ya he observado que se calcula que la mitad de los habitantes de un estado, y consecuentemente los ciudadanos gastan más de la mitad del producto de la tierra.

2.3.10 El efectivo no es sólo necesario para la Renta del propietario, correspondiente a un tercio del producto, sino también para las mercancías de la ciudad que se consumen en el campo, que puede equivaler a algo más de un sexto del producto de la tierra. Sin embargo, un tercio más un sexto hacen la mitad del producto. El efectivo circulando en el país debe ser, por tanto, igual, al menos, a la mitad del producto de la tierra, por cuyos medios, la otra mitad, o quizás algo menos, es consumido en el campo sin necesidad de efectivo.

2.3.11 La circulación de este dinero tiene lugar cuando los propietarios gastan al detalle en la ciudad las rentas que los colonos les han pagado en cantidades a tanto alzado y cuando los carniceros, panaderos, cerveceros, etc. reunen poco a poco la misma cantidad de dinero para comprar a los granjeros a tanto alzado ganado, trigo, cebada, etc. De esta manera, todas las grandes sumas de dinero son distribuidas en pequeñas cantidades de dinero y son recogidas en grandes cantidades para hacer pagos directa o indirectamente a los granjeros, y estas grandes o pequeñas cantidades vuelven siempre a cambio de los servicios.

2.3.12 Cuando afirmé que para la circulación del país se necesita una cantidad de dinero a menudo igual en valor a la mitad del producto de la tierra, este es el mínimo; y para que la circulación del país deba ser fácil voy a suponer que el dinero en efectivo que posibilita la circulación de las tres rentas es igual, en valor, a dos de estas rentas, o dos tercios de los productos de la tierra. Se verá más tarde que este supuesto no está lejos de la verdad.

2.3.13 Imaginemos ahora que el dinero que circula en un pais es, en su totalidad, equivalente a 10.000 onzas de plata, y que todos los pagos efectuados con ese dinero, del campo a la ciudad, y de la ciudad al campo, son hechos una vez al año; y esas 10.000 onzas de plata son equivalentes, en valor, a dos de las rentas de los colonos o dos tercios de los productos de la tierra. Las Rentas de los terratenientes corresponderá a 5.000 onzas, y toda la circulación de la plata que queda entre la gente del campo y los ciudadanos, hechas por pagos anuales, corresponderá también a 5.000 onzas.

2.3.14 Pero si los propietarios estipulan con sus colonos un pago al principio del año por la mitad de la Renta en lugar de la totalidad, y sus deudores también hacen sus pagos realizan sus pagos cada seis meses, esto alterará la velocidad de circulación. Y considerando que antes se necesitaban 10.000 onzas para realizar los pagos anuales, ahora sólo serán necesarias 5.000 onzas pagadas dos veces, que tendrán el mismo efecto que las 10.000 pagadas antes una sóla vez.

2.3.15 Además, si los propietarios estipulan con los colonos pagos trimestrales. o están satisfechos con recibir sus rentas de los granjeros de acuerdo a las cuatro estaciones del año les permite vender su producto, y todos los otros pagos son hechos trimestralmente, sólo se necesitarán 2.500 onzas para la misma circulación que antes se llevaba con 10.000 onzas una vez al año. Por lo tanto, suponiendo que todos los pagos se realizan trimestralmente en el pequeño Estado en cuestión, la proporción del valor necesaria para la circulación es el producto anual de la tierra (o las tres rentas), como 2.500 libras es a 15.000, ó 1 a 6, así que el dinero corresponderá a la sexta parte del producto anual.

2.3.16 Pero viendo que cada rama de la circulación en las ciudades es realizada por empresarios, que las compras de comida son realizadas en pagos diarios, semanales o mensuales, y los pagos por ropa son realizados una o dos veces al año por las familias, vemos que los diferentes pagos son realizados por personas difernetes y en periocidades diferentes; y que el gasto en bebidas es hecho normalmente a diario, las pequeñas adquisiciones de cerveza, carbón y un millar de otros artículos de consumos es muy rápido, parece que la proporción que hemos establecido por pagos trimestrales es muy alta, y que la circulación de los productos de la tierra de 15.000 onzas de plata en valor, podría llevarse a cabo con mucho menos de 2.500 onzas de plata en dinero efectivo.

2.3.17 Como sin embargo, los granjeros han de hacer grandes pagos a los propietarios al menos cada trimestre, y los impuestos que el Príncipe y los Estados gravan sobre el consumo son acumulados por los recaudadores para hacer grandes pagos a los Receptores Generales, debe haber suficiente dinero en efectivo en circulación para hacer estos pagos sin ninguna dificultad, sin dificultar la circulación de las monedas para comida y ropa de la gente.

2.3.18 Se verá de ello que la proporción de la cantidad de dinero necesaria para la circulación en un estado no es incomprensible, y que esta cantidad puede ser mayor o menor en un estado de acuerdo al modo de vida y la rápidez de los pagos. Pero es muy difícil establecer algo definitivo en lo que se refiere a esta cantidad en general, y la proporción puede variar en diferentes países, y es sólo una hipótesis el decir que "el dinero real o dinero necesario para llevar la circulación y el intercambio en un estado es aproximadamente igual en valor a un tercio de todas las rentas anuales de los propietarios de dicho estado".

2.3.19 Ya sea que el dinero es escaso a abundante en un estado, esta proporción no cambiará mucho porque, donde el dinero es abundante, las rentas de la tierra son más altas, y donde el dinero es escaso son menores. Está constatado que esto es el caso en todos los tiempos. Pero suele ocurrir que en los estados donde el dinero es escaso, suele haber más trueque que en aquellos donde el dinero es abundante, y la circulación es más rápida y menos lenta que en aquellos donde el dinero no es tan escaso. Por lo tanto, para estimar la cantidad de dinero en circulación, siempre es necesario calcular su velocidad de circulación.

2.3.20 Suponiendo que el dinero en circulación sea la tercera parte de todas las rentas de los propietarios y que estas sean la tercera parte del producto anual de la tierra, se deduce que "el dinero en circulación en un estado es equivalente en valor a la novena parte de todo la producción anual de la tierra".

2.3.21 Sir William Petty, en un manuscrito de 1685 [NOTA DEL TRADUCTOR: en la bibliografía de Willima Petty no figura ningún libro publicado en 1685, pero si varios publicados al año siguiente] supone frecuentemente que el dinero en circulación es equivalente a la décima parte del producto de la tierra. No da ninguna razón. Supongo que es una opinión que él se formó de la experiencia y de los conocimientos prácticos del dinero de circulación en Irlanda (una gran parte de ese país él midió como investigador) y de la producción que él estimó de la observación. No estoy muy lejos de su conclusión que las rentas de los propietarios (ordinariamente pagadas en dinero y fácilmente verificables por el impuesto uniforme sobre la tierra) son más fácilmente verificables que la producción de la tierra, cuyos precios varían a diario en los mercados, y una gran parte de los mismos es consumida sin entrar en los mercados. En el siguiente capítulo voy a dar varias razones, apoyadas en ejemplos, para confirmar mi conclusión. Pienso que es útil, aunque no matemáticamente exacto. Es suficiente si está cerca de la verdad y si se impide a los gobernadores de los estados de la formación de las ideas extravagantes sobre la cantidad de dinero en circulación. No hay ninguna rama del conocimiento en la que uno esté más sujeto a error que las estadísticas cuando se la deja a la imaginación, o ninguna más demostrable basadas en hechos detallados.

2.3.22 Algunas ciudades y estados carentes de tierra subsisten intercambiando su trabajo o manufacturas por el producto de la tierra de otros. Algunas son Hamburgo, Dantzing, algunas otras ciudades del imperio, e incluso alguna parte de Holanda. En estos estados, parece más difícil calcular la circulación. Pero si pudiéramos calcular la cantidad de tierra extranjera que aporta a su subsistencia, probablemente no difiera mucho de los cálculos hechos en otros estados que viven principalmente de sus propios productos, y que son objeto de estos ensayos.

2.3.23 Como el efectivo necesario para hacer funcionar el comercio exterior parece que no es más que el que se requiere para el comercio que está en circulación en el estado cuando la balanza del comercio exterior está igualada, es decir, cuando los productos y mercancías enviados al exterior son en valor equivalentes a aquellos importados.

2.3.24 Si Francia vende telas a Holanda y recibe especias de dicho país por el mismo importe, el propietario que consume dichas especias paga el valor de las mismas al tendero, el cual paga la misma cantidad al fabricante de telas, a quién Holanda debe el importe de las telas que envió allí. Esto se hace mediante letras de cambio, que explicaremos más adelante. Estos dos pagos en efectivo tienen lugar en Francia, aparte de la Renta del propietario, y ningún dinero deja Francia en esta cuenta. Todas las clases de la sociedad que consumen especias holandesas, igual pagan al tendero, a saber, los que viven de la primera Renta, es decir, los propietarios de la tierra, que pagan de su Renta, y aquellos que viven de las otras dos rentas, tanto en el campo como en la ciudad, y que pagan al tendero, directa o indirectamente, con el dinero con que se lleva a cabo con la distribución de estas dos rentas. El tendero paga con ese dinero al fabricante de telas por su letra sobre Holanda, y no fue necesario ningún incremento en la circulación de dinero en el estado, cuando el saldo es equilibrado. Pero si no es equilibrado, si se vende más mercancía a Holanda de la que se trae de allí, o viceversa, se necesita dinero por la diferencia cuando Holanda debe enviar más que Francia, o Francia más que Holanda. Esto aumentará o disminuirá la cantidad de dinero que circula en Francia.

2.3.25 Puede incluso ocurrir que, a pesar de que la balanza del comercio exterior esté equilibrado, se retrase la circulación del dinero efectivo, y que, por lo tanto, sea necesaria una mayor cantidad de dinero en circulación por causa de este comercio.

2.3.26 Por ejemplo, si las damas francesas que venían usando telas francesas, desean usar terciopelos holandeses, que son pagados mediante el dinero procedente de la venta de las telas enviadas a Holanda, ellas pagarán por esos terciopelos a los mercaderes que los importaron de Holanda, y dichos mercaderes pagarán los terciopelos de Holanda. El dinero pasará por más manos que si las damas hubieran gastado su dinero en las telas de Francia. Cuando el dinero pasa por más manos, la velocidad del dinero se ralentiza. Pero es difícil calcular una estimación exacta de este retraso que depende de varias circunstancias. Así, en nuestro ejemplo actual, si las damas pagan al mercader por su terciopelo hoy, y el mercader paga al fabricante por su letra sobre Holanda mañana, si el mercader paga al comerciante de lana al día siguiente, y este, a su vez, paga al granjero al día siguiente, es posible que el granjero conserve el dinero en su poder durante más de dos meses para compensar el alquiler triemestral que debe pagar a su propietario. Este dinero podría haber circulado en dos meses por las manos de un centenar de empresarios sin bloquear el medio circulante que el estado necesita.

2.3.27 Después de todo, la Renta principal de los propietarios deben ser considerada la más necesaria y considerable rama del dinero en lo que respecta a la circulación. Si el propietario vive en la ciudad y el granjero vende todos sus productos en la misma ciudad y compra allí todas las mercancías necesarias para su campo, el dinero en efectivo quedará siempre en la ciudad. El granjero venderá en la ciudad lo que exceda de la mitad de la producción de la granja, le pagará a su propietario en la misma ciudad el valor monetario de un tercio de su producto y el resto a los mercaderes y propietarios por las mercancías para ser consumidas en el campo. Incluso aquí, sin embargo, que el granjero vende su producción por una suma a tanto alzado, que es después distribuída al por menor, y el dinero es recolectado para ser utilizado de nuevo en los pagos a tanto alzado a los agricultores, la circulación tiene siempre el mismo efecto (sujeto a su rapidez), como si el agricultor hubiese tomado de nuevo el dinero del campo recibido por su producción y lo hubiera enviado de nuevo a la ciudad.

2.3.28 La circulación consiste siempre en esto: las grandes sumas que el agricultor recibe por la venta de sus productos son divididas al detalle y luego reunidas de nuevo para hacer los grandes pagos. Si una parte del dinero permanece en la ciudad o va fuera de ella puede ser considerado como el medio circulante entre el campo y la ciudad. Toda la circulación se efectúa entre los habitantes del estado, y todos ellos son alimentados y mantenidos en todos los sentidos por los productos de la tierra y de las materías primas del país.

2.3.29 Es cierto que la lana, que es transportada del campo y convertida en tejidos en la ciudad, vale cuatro veces su valor anterior. Pero ese incremento del valor, que es el precio del trabajo de los trabajadores y de la elaboración de la ciudad, es intercambiada con el campo por los productos que sirven para su mantenimiento.


CAPÍTULO IV

Texto El Ensayo II - II

PARTE II

CAPÍTULO II

DE LOS PRECIOS DE MERCADO

2.2.1 Supongamos los carniceros en un lado y los compradores en el otro lado. Despues de varias controversias, se fija el precio de la carne y una libra de carne vacuna tendrá el valor de una moneda de plata, y toda la carne ofrecida en el mercado para la venta está disponible para toda la plata que es llevada allí para comprar carne.

2.2.2 Esta proporción ha llegado a través de la negociación. El carnicero mantiene su precio en función de los compradores que ve. Los compradores, por su parte, ofrecen menos si creen que el carnicero tendrá menos venta: el precio fijado por algunos es generalmente seguido por otros. Algunos son más hábiles inflando sus mercderías, y otros corriendo los precios hacia abajo. Aunque este método de fijación de precios no tiene ningún fundamneto exacto, ya que a menudo depende de la ansiedad o temperamento fácil de unos pocos compradores o vendedores, no parece que pueda hacerse de ninguna manera más conveniente. Está claro que la cantidad de productos o mercancías ofrecidas a la venta, en proporción a la demanda o número de compradores, es la base sobre la cual se fija o siempre suponemos que se fija el precio real de mercado.

2.2.3 Examinemos otro caso. A varios maîtres d'hôtels [en Paris] se les mandó comprar guisantes la primera vez que acudieron al mercado. Un amo ha ordenado la compra de 10 cuartos de guisantes por 60 libras turnoise, otro la misma cantidad por 50 libras, un tercero la misma cantidad por 40 y un cuarto 10 por 30. Si estas órdenes se han de llevar a cabo, debería haber por lo menos 40 cuartos de guisantes en el mercado. Supongamos que hay sólo 20. Los vendedores, viendo muchos compradores, mantendrán sus precios y los compradores podrán encontrar el género a los precios que se les mandó: aquel al que se le mandó ofrecer 60 libras turnoise por 10 cuartos será el primero en ser servido. Los vendedores, viendo que nadie más ofrecerá por encima de 50, venderán los restantes 10 cuartos a ese precio. Aquellos que tenían órdenes de no exceder de 40 y 30 libras turnoise se volverán de vacío.

2.2.4 Si en vez de 40 cuartos hubieran 400, no sólo los Maîtres d'hôtels obtendrán guisantes muy por debajo de las cantidades previstas por ellos, sino que los vendedores, para ser preferido por los demás por los pocos compradores bajarán los guisantes casi al valor intrínseco, sino en tal caso muchos Maîtres d'hôtelsque no tenían órdenes de comprar guisantes, comprarán algunos.

2.2.5 A menudo sucede que los vendedores que son muy obstinados en mantener el precio de sus productos en el mercado, pierden la oportunidad en vender sus productos o mercancías para ventaja de los que si lo hacen y son perdedores ellos mismos. A veces sucede que, al mantener sus precios, pueden vender sus productos otro día con un mayor beneficio.

2.2.6 Los mercados distantes siempre pueden afectar a los precios de donde uno es: si el maiz es extremadamente deseado en Francia, subirá en Inglaterra y otros países vecinos.


CAPÍTULO III

Texto El Ensayo II - I

PARTE II

CAPÍTULO I

DEL TRUEQUE

2.1.1 En la parte I se hizo un intento para probar que el valor real de todas las cosas depende de la cantidad de tierra usada en su producción y el mantenimiento de aquellos que viven de ella. En esta parte segunda, después de resumir los diferentes grados de fertilidad de la tierra en varios países, y los diferentes clases de productos que pueden dar a luz con la mayor abundancia de acuerdo con su calidad intrínseca y suponiendo la creación de estas ciudades y sus mercados para facilitar la venta de estos productos, se mostrará mediante la comparación de los intercambios que pueden hacerse, vino por tela, cereales por zapatos, sombreros, etc, y por la dificultad con la que los transportes de los diferentes productos y mercancías, lo que supondría que era imposible fijar su valor intrínseco, se mostrará, repetimos, que el hombre tenía la necesidad absoluta de encontrar una sustancia fácilmente transportable, no perecedera y que tuviera en peso una proporción o valor igual a los diferentes productos y mercaderías, necesarias o convenientes. De allí surgió la elección del oro y la plata para los grandes negocios y del cobre para los pequeños intercambios.

2.1.2 Estos metales no sólo son duraderos y faciles de transportar, sino que además corresponden al empleo de una gran cantidad de tierra para su producción, lo que les da el valor real deseable para el intercambio.

2.1.3 El Sr. Locke, que como todos los escritores ingleses que escriben sobre este tema, ha mirado sólo a los precios de mercado, establece que el valor de todas las cosas es proporcional a su abundancia o escasez, y la abundancia o escasez de la plata por la que son intercambiadas. Es generalmente sabido que los precios de productos y mercancías han crecido en Europa después que una gran cantidad de plata ha sido traída desde las Indias Occidentales.

2.1.4 Pero yo considero que debemos suponer, como regla general, que los precios de mercado de las cosas deben ser proporcionales a su cantidad y a la cantidad de plata que realmente circula en un lugar, porque los productos y mercaderías enviados lejos para su venta no influencian en el precio de las cosas que quedan.




CAPÍTULO II

Texto El Ensayo I - XVII

PARTE I

Capítulo XVII

De los metales y el dinero, y especialmente del oro y de la plata.

1.17.1 Así como la tierra produce más o menos grano de acuerdo a su fertilidad y al trabajo que en ella se gasta, así también las minas de hierro, plomo, estaño, oro, plata, etc., producen más o menos cantidad de estos metales según la riqueza de las minas y la cantidad y calidad de trabajo que en ellas se invierte, sea para excavar la tierra, para drenar las aguas o para realizar labores de fundición, refinado, etc. El trabajo de las minas de plata es caro por razón de la mortalidad que causa, ya que los obreros apenas si resisten cinco o seis años en este trabajo.

1.17.2 El valor real o intrínseco de los metales, como el de cualquier cosa, proporcional a la tierra y al trabajo que entra en su producción. El gasto de la tierra para obtener esta producción es considerable sólo en la medida en que el propietario de la mina puede obtener de ella un beneficio mediante el trabajo de los mineros, cuando las vetas son estraordinariamente ricas. La tierra necesaria para el sustento de los mineros y de los trabajadores, esto es, para el pago del trabajo minero, es a menudo el renglón principal y la ruina del empresario.

1.17.3 El valor de los metales en el mercado, lo mismo que el de otras mercaderías o productos, unas veces está por encima y otras por debajo del valor intrínseco, y varía en proporción a su abundancia o escasez, de acuerdo a la demanda.

1.17.4 Si los propietarios de las tierras y los órdenes inferiores de una nación que los imitan, rechazan el uso del estaño y del cobre, en el erróneo supuesto de que son nocivos para la salud, y si todos hicieran uso de platos y utensilios de barro, dichos metales se cotizarían a precio vil bajo en los mercados, y el trabajo que antes se realizaba a extraerlos sería discontinuo. Pero como estos metales se consideran útiles y de ellos nos servimos en los usos de la vida, tendrán siempre en el mercado un valor correspondiente a su abundancia o a su rareza, y al consumo que de ellos hace; y así se continuará extrayéndolos de la mina para reemplazar la cantidad de dichos metales que en el uso diario se pierden.

1.17.5 El hierro no sólo es útil para los usos de la vida común; podría decirse, que, en cierto modo, es necesario, y si los americanos, que o se servían de él antes del descubrimiento de su Continente hubiesen descubierto las minas y conocido las aplicaciones de este metal, sin duda hubiesen trabajado en la producción del mismo, por costosa que hubiera sido.

1.17.6 El oro y la plata no solamente pueden servir para los mismos usos que el estaño y el cobre, además, para la mayor parte de los usos que se hacen del plomo y del hierro. Tienen todavía, sobre dichos metales, la ventaja de que el fuego no los consume, y son tan duraderos que pueden considerarse como substancias permanentes. No es extraño que, si los hombres han encontrado útiles los otros metales, valoraran el oro y la plata ya antes de utilizarlos en los cambios. Los romanos los valoraban desde la fundación de Roma y sin embargo sólo empezaron a usarlos como dinero 500 años después. Tal vez todas las demás naciones hicieron lo mismo y solo adoptaron estos metales para usos monetarios mucho tiempo después de haberse servido de ellos para otros fines. Sin embargo, según los historiadores más antiguos desde los tiempos inmemoriales, los pueblos se servían del oro y la plata para fines monetarios, en Egipto y en Asia, y sabemos por el Génesis que ya en tiempos de Abraham se acuñaban monedas de plata.

1.17.7 Supongamos ahora que la primera plata se encontró en una mina de monte Niphates, en la Mesopotamia. Es natural pensar que uno o varios propietarios de tierras, encontrado bello y útil ese metal, fueron los primeros en hacer uso de él, y alentó la voluntad del minero o del empresario para extraer más de la mina y dándole en pago por su trabajo y del de sus ayudantes, la cantidad de productos de la tierra que ellos necesitaban para su sustento. La plata se fue volviendo cada vez más valorada en Mesopotamia, y si los grandes propietarios compraban grandes jarras de plata, y las clases bajas, de acuerdo con sus medios y ahorros, podían comprar pequeñas copas de plata, y los empresarios de la mina, viendo una demanda constante para su producto, sin dudarlo le dieron un valor, proporcional a su calidad o a su peso contra todas las demás mercaderías o artículos que recibía en cambio. Mientras los habitantes consideraban ya este metal como un objeto precioso y duradero, y se esforzaban por poseer algunas piezas del mismo, el empresario, único que podía distribuirlo y estaba en condiciones de exigir en el intercambio una cantidad arbitraria de otros artículos y mercaderías.

1.17.8 Supongamos ahora que más allá del río Tigris, y, por consiguiente, fuera de Mesopotamia, una mina de plata fuese descubierta y cuyos filones resultaran ser incomparablemente más ricos y abundantes que las del Monte Niphates, y que el trabajo de esa nueva mina, que es más fácil de drenar, resultara menor que el de la primera.

1.17.9 El empresario de esa nueva mina se encontraría, naturalmente, en una posición para suministrar plata mucho más barata que la del Monte Niphates y los habitantes de Mesopotamia, deseosos de poseer piezas y objetos de plata, encontrarían más conveniente para ellos exportar sus mercaderías fuera del país, y entregarlas al empresario de la nueva mina a cambio de dicho metal, en vez de recurrir al empresario de antes. Este, encontrando una menor demanda, por necesidad reduciría sus precios; pero si el empresario nuevo, bajando su precio, obligase al antiguo a parar su producción, y entonces el precio de la plata, como el de las demás mercancías y artículos, se regularía necesariamente a base del que estableciera la mina nueva. Entonces la plata costaría menos a los habitantes de más allá del Tigris que a los de Mesopotamia, puesto que éstos estaban obligados a afrontar con los gastos de un largo transporte de sus artículos y mercaderías, para adquirir la plata.

1.17.10 Es fácil comprender que una vez descubiertas varias minas de plata, y una vez los propietarios de las tierras se hubiesen encaprichado de dicho metal, fueron imitados por otras clases, y que se buscaran las piezas o fragmentos de plata, aunque no estuviesen trabajados, porque nada más fácil que hacer con ellos los artículos deseados, en relación a su cantidad y peso. Como este metal era estimado, por lo menos, de acuerdo con el valor de coste, algunas gentes que lo poseían, encontrándose en apuros, podían constituirlo en prenda, para obtener, a cambio, las cosas de que tenían necesidad, y aun vender incluso dichas piezas de modo definitivo. De ahí vino la costumbre de regular el valor de las cosas en relación a la cantidad o peso de plata contra todos los demás artículos y mercaderías. Pero como la plata se puede combinar con el hierro, el plomo, el estaño, el cobre etc., que no son tan escasos y pero si más baratos de extarer, el intercambio de la plata fue objeto de numerosos fraudes, y esto hizo que diversos reinos establecieran Casas de Moneda para certificar, mediante una acuñación pública, la verdadera cantidad de plata que cada moneda contenía, y entregarlas a los individuos que, previamente habían llevado barras o lingotes de plata, la misma cantidad de piezas, estampilladas a modo de certificado de la verdadera cantidad de plata que contenían.

1.17.11 Los costes de estos certificados o acuñación se pagan unas veces por el público y otras por el príncipe ,—el método que se seguía en pasadas épocas en Roma, y hoy en Inglaterra; a veces los que llevan plata para su acuñación, soportan los gastos, como es costumbre en Francia.

1.17.12 La plata pura es difícil de encontrar en las minas. Los antiguos no conocían el arte de refinarla hasta el grado máximo de pureza. Solían fabricar sus monedas de plata con plata fina y sin embargo, las que nos quedan de griegos, romanos, judíos, y asiáticos nunca son perfectamente puras. Hoy en día tenemos mayores conocimientos técnicos, y conocemos el secreto de obtener plata completamente pura. Los diferentes métodos de refinarla no son parte de mi libro. Muchos autores han tratado el tema, entre otros Mr. Boizard. Sólo observaré que hace falta una buena cantidad de gastos para refinar la plata, y por ésta razón se prefiere una onza de plata pura a dos onzas de plata que contenga una mitad de cobre o de otra aleación. Es caro separar el extracto de la aleación mientras que mediante una simple fusión con el otro metal se puede alear éste con la plata en cualquier proporción deseada. Cuando, a veces, se alea el cobre con la plata pura, es para hacerla más maleable y adecuada para los objetos que se desee hacer con la plata. Pero en la valoración de la aleación metálica obtenida no se toma en cuenta para nada el valor del cobre u otro metal de aleación, y sólo se considera la cantidad de plata real y verdadera. Por esto se hace siempre un ensayo o contraste para conocer la cantidad de plata verdadera.

1.17.13 Ensayar no es más que refinar, por ejemplo, un trocito de la barra de plata objeto de nuestro ensayo, para averiguar qué cantidad contiene de plata verdadera, y juzgar toda la barra a base de ese fragmento. Se corta entonces un fragmento de la barra, de doce granos por ejemplo [NOTA DEL TRADUCTOR: 12 granos equivalen a 6.5 gramos aprox.], y se pesa exactamente en una balanza de tal precisión que basta la milésima parte de un grano para que se mueva la escala. A continuación se refina con aquafortis o utilizando el fuego y se separa el cobre de la aleación. Cuando tenemos ya la plata pura se la vuelve a pesar en la misma balanza, y si el peso resulta ser, entonces, de once granos, en lugar de doce que tenía, el ensayo nos dice que la barra es de once doceavos de pureza, es decir, que contiene once partes de plata, pura y una parte de cobre o aleación. Esto resultará más claro para quien se tenga la curiosidad de presenciar uno de estos ensayos. No hay nada misterioso en ello. El oro se analiza de la misma manera, con la única diferencia de que los grados de finura o pureza del oro se dividen en 24 partes, a las que se llama quilates, porque el oro es más precioso; estos quilates se dividen en 32 partes mientras que los grados de finura de la plata se dividen en doceavas partes llamadas deniers, y estos en 24 granos cada uno.

1.17.14 El uso ha conferido al oro y la plata el título de “valor intrínseco”, para significar la cantidad de oro y plata verdadera que la barra contiene. Sin embargo, en este ensayo me ha servido siempre del término “valor intrínseco” para significar la cantidad de tierra y de trabajo que entra en la producción de las cosas, porque no ha encontrado término más apropiado para expresar mi pensamiento. Menciono esto sólo para evitar malentendidos. Cuando no menciono el oro y la plata, el término "valor intrínseco" será siempre válido sin ningún tipo de confusión.

1.17.15 Hemos visto que los metales, tales como el oro, la plata, el hierro, etc., sirven para distintos propósitos, y tienen un valor real proporcionado a la cantidad de tierra y trabajo empleados en su producción. En la Segunda Parte de este Ensayo veremos cómo los hombres se han visto obligados a emplear una medida común para encontrar en sus tratos la proporción y valor de los productos y mercaderías que desean intercambiar. La única cuestión es que producto o mercadería es más adecuado para esta medida común, y si ha sido la necesidad más que la fantasía lo que ha dado preferencia al oro, a la plata y al cobre que son los que están en uso hoy para este propósito.

1.17.16 Los artículos corrientes, como los cereales, vinos carne, etc., tienen un valor real, y satisfacen ciertas necesidades de la vida, pero son bienes perecederos y aun incómodos para el transporte, y poco aptos, por consiguiente, para servir como medida común.

1.17.17 Mercaderías tales como las telas, ropa blanca, cueros, etc., son también perecederas, y no pueden subdividirse sin alterar en cierto modo su valor para los usos humanos. Como las materias primas cuestan mucho de transportar; ocasiona numerosos gastos para su conservación y por lo tanto, no son apropiados para servir de medida común.

1.17.18 Los diamantes y otras piedras preciosas, incluso si no tuvieron un valor intrínseco y fueron valorados sólo por la moda serían apropiados para una medida común sino fueran susceptibles de imitación y si pudiesen ser divididos sin pérdida alguna. Con estos defectos no puden servir como una medida común.

1.17.19 El hierro, siempre útil y bastante duradero, no dejaría de servir como medida, a falta de objetos mejores. El fuego lo consume, y es bastante voluminoso a causa de su abundancia. Fue utilizado como medida común después de Licurgo, hasta la guerra del Peloponeso: pero como su valor se basaba por necesidad en la proporción de tierra y trabajo que entraba en su producción, se necesitaba una gran cantidad para representar un pequeño valor. Es curioso que su calidad se echa a perder con vinagre, con lo que se convertía en inservible para los usos humanos, y solamente se utilizaba para el intercambio: por lo yanto, sólo podía servir a los austeros espartanos, y no podía seguir haciéndolo incluso tan prontose extendió sus comunicaciones con otros países. Para arruinar a los espartanos sólo se necesitó encontrar ricas minas de hierro, hacer monedas como las suyas y obtener con ellas productos y mercaderías mientras que ellos no podían obtener nada del extranjero por su hierro en mal estado. En aquel momento no les interesaba comerciar con el extranjero, y únicamente se ocupaban de la guerra.

1.17.20 El plomo y el estaño tienen los mismos inconvenientes que el hierro por el volumen, y son consumibles por el fuego, pero en caso de necesidad no harían mal papel en el intercambio, si el cobre no fuese mucho más adecuado y duradero.

1.17.21 El cobre sirvió de moneda a los romanos, en forma exclusiva , hasta el año de 484 de la fundación de Roma, y en Suecia todavía se utiliza, incluso para los pagos de importancia; sin embargo, es demasiado voluminoso para realizar pagos considerables, y los mismos suecos prefieren los pagos en oro y plata sobre el cobre.

1.17.22 En las colonias américanas se han utilizado como moneda tabaco, el azúcar y el cacao, pero estas mercancías son demasiado voluminosas, perecederas y de calidad desigual; son, por lo tanto, poco adecuadas para servir de monedas o de medida común del valor.

1.17.23 El oro y la plata son los únicos que ocupan un pequeño volumen, de calidad homogénea, fáciles de transportar, de subdividir sin merma, fáciles de conservar y proporcionan belleza, brillo y durabilidad, casi hasta la eternidad, a los objetos hechos de ellos. Todos los que han usado otros artículos como moneda vuelven a usar al oro y a la plata, en cuanto pueden obtener lo suficiente de estos dos metales para el intercambio. Sólo en las transacciones más pequeñas resultan inadecuados el oro y la plata. Para expresar el valor del liard [NOTA DEL TRADUCTOR: lizard era una moneda francesa de plata usada en la época y de poco valor, equivalente a la cuarta parte de un sol, usada desde el siglo XV hasta 1793], las piezas de oro e incluso de plata resultarían demasiado pequeñas para ser manejadas con facilidad. Se dice que en las transacciones menudas los chinos cortaban sus platos de plata con tijeras, en pequeñas tiras, fragmentos que luego pasaban con precisión. Pero desde que entablaron relaciones comerciales con Europa comenzaron a usar el cobre para tales ocasiones.

1.17.24 No es pues sorprendente que todas las naciones hayan llegado a usar el oro y la plata como dinero, constituyéndose en medida común del valor, y el cobre para los pagos pequeños. La utilidad y la necesidad les han inducido a ello, no la fantasía ni el consenso. La plata exige en su elaboración mucho trabajo y del caro. Los mineros de las minas de plata están muy bien pagados, ya que raramente viven más de 5 ó 6 años de este trabajo a causa de la alta mortalidad: así pues, una pequeña moneda de plata corresponde a tanta cantidad de tierra y de trabajo como una pieza mayor de cobre.

1.17.25 El dinero o la medida común de los valores debe corresponder de hecho y en la realidad ,en términos de tierra y de trabajo a los artículos que se reciben a cambio del dinero. De otro modo el dinero sólo tendría un valor imaginario. Si por ejemplo, un príncipe o una república dieran circulación legal, en sus dominios, a algo que no tuviese semejante valor real e intrínseco, no solo los demás Estados rechazarían aceptarlo conforme a ese patrón, sino que los propios habitantes del país rechazarían el dinero cuando se persuadieran de su carencia de valor real. Cuando, a fines de la primera guerra púnica, los romanos quisieron darle el as de cobre, que pesaba dos onzas, el mismo valor que antes tenía el as de un libra, o 12 onzas, no pudo mantenerse mucho tiempo. La historia de todos los tiempos nos muestra que, cuando los príncipes reducen el valor de su dinero, manteniendo el mismo valor nominal, todas las materias primas y los productos fabricados se encarecen en la misma proporción que la devaluación de la moneda.

1.17.26 Dice Locke que el consentimiento de la humanidad ha dado un valor al oro y a la plata. Esto no puede ponerse en duda, puesto que la necesidad absoluta no ha tomado parte en ello. Es el mismo consentimiento el que le ha dado y da todos los días un valor a los encajes, al lino, a las telas finas, al cobre y a otros metales. La humanidad podría subsistir sin todo esto, pero no podemos concluir de ello que todos estos artículos no tengan sino su valor imaginario. Poseen un valor proporcional a la tierra y al trabajo que entran en su producción. El oro y la plata, como las demás mercancías y materias primas, sólo pueden ser producidos al coste aproximado proporcional al valor que se les otorga; y cualesquiera cosas que los hombres produzcan mediante su trabajo, este trabajo debe procurarles lo suficiente para su subsistencia. Es el gran principio que oímos todos los días de las bocas de las clases humildes, que no toman parte de nuestras especulaciones, y que viven de su trabajo o de sus empresas. “Todo el mundo debe vivir.”



PARTE II

CAPÍTULO I


Texto El Ensayo I - XVI

PARTE I

Capítulo XVI

Cuanto más trabajo hay en un estado,

tanto más rico se le estima, naturalmente

1.16.1 En un cálculo que me costó mucho realizar y que reproduzco en el Suplemento muestro que el trabajo de veinticinco adultos es suficiente para proveer a otros cien adultos, todas las cosas necesarias para la vida, de acuerdo con el consumo que se hace en nuestra Europa. Es cierto en estos cálculos la alimentación, el vestido, la vivienda, son de tipo rústico, y bastante elemental pero proporcionan vida fácil y agradable. Se puede suponer que un tercio de la población de un Estado son demasiado jóvenes o demasiado viejos para el trabajo cotidiano, y una sexta parte está compuesta de propietarios de tierras, enfermos y diferentes clases de empresarios que no contribuyen con su trabajo manual a las diferentes necesidades de la humanidad. Todo esto implica que la mitad de los habitantes no trabajan o, por lo menos, o al menos sin el trabajo de que estamos tratando. Así si veinticinco personas hacen todo el trabajo necesario para sustentar a otras cien, existirán veinticinco personas de las cien, que se hallan en condiciones de trabajar, pero que no hacen nada.

1.16.2 Los soldados y los sirvientes domésticos de las familias acomodadas, formarán parte de esas veinticinco personas; si se utilizan las restantes para perfeccionar, mediante un trabajo adicional, las cosas necesarias para la vida, como por ejemplo, haciendo ropa fina, telas finas, etc., el Estado podrá considerarse rico en proporción a ese aumento de trabajo, aunque no hayan añadido nada a las cosas necesarias para la subsistencia y mantenimiento de los hombres.

1.16.3 El trabajo proporciona una satisfacción adicional en lo referente al alimento y a la bebida. Un tenedor, un cuchillo finamente trabajados son más apreciados que los que se confeccionaron toscamente y a toda prisa. Lo mismo puede decirse de una casa, de una cama, de una mesa y de todo lo necesario para las comodidades de la vida.

1.16.4 Es cierto que hay muy poca diferencia en un estado que se acostumbre a vestir con paños burdos o con telas finas, si ambos tienen la misma duración, y que se coma delicadamente o en forma tosca, con tal de que se tenga alimento suficiente y que la salud sea buena o que la bebida, comida, ropa, etc., sean de buena o mala calidad, puesto que en suma nada queda en el estado de este tipo de riquezas.

1.16.5 Pero siempre es decir que aquellos Estados cuyos habitantes se visten con telas finas o lino fino, cuya alimentación es más esquisita y delicada, son más ricos y estimados que aquellos otros donde estas cosas son más toscas y rudas, y que los Estados donde se ve más habitantes que viven al estilo de los primeros, son más estimados que aquellos otros donde, en proporción, se ven menos.

1.16.6 Pero si las 25 personas en un centenar de las cuales hemos hablado fueran empleadas producir cosas permanentes, como por ejemplo, en extraer de las minas hierro, plomo, estaño, cobre, etc., y en emplearlos para confeccionar utensilios e instrumentos para la comodidad de los hombres, vasijas, vajilla, y otras cosas útiles, más duraderas que las que se confeccionan con barro, el Estado no sólo parecerá más rico sino que lo será realmente. Lo será especialmente si se emplea a estas personas en extraer de la tierra, oro y plata, metales que no sólo son duraderos, sino, por decirlo así, permanentes, que no se consumen por el fuego, que se aceptan de modo general como medida de valor y pueden cambiarse en todo momento por cosas necesarias para la vida. Y si estos habitantes trabajan en extraer oro y plata para el estado a cambio de los artículos y mercaderías que ellos confeccionan y envían a los países extranjeros, su trabajo será igualmente útil, y mejorará el Estado.

1.16.7 El punto que parece determinar la grandeza relativa de los Estados es el stock de reserva por encima del consumo anual, y los almacenes de telas, de ropa blanca, de trigo, etc., para servir en los años malos y en caso de guerra. Y como el oro y la plata siempren pueden comprar todo eso, incluso de los enemigos del Estado, el verdadero stock de un país consiste en el oro y en la plata, y la mayor o menor cantidad de dicho stock determina necesariamente la grandeza relativa de los Reinos y de los Estados.

1.16.8 Si es costumbre traer oro y plata del extranjero exportando artículos y productos del estado, como trigo, vinos, lanas. etc., ello enriquecerá al Estado a expensas de la disminución del número de habitantes; pero si el oro y la plata se obtienen del extranjero a cambio del trabajo de los habitantes, así como de las manufacturas y artículos donde interviene pequeña cantidad de productos de la propia tierra, esto engrandecerá al Estado en forma útil y sustancial. En un país grande las 25 personas de cada cien de que hemos hablado, no pueden ser empleadas en realizar productos para el consumo extranjero. Un millón de hombres fabricarán más telas, por ejemplo, que las que serán consumidas anualmente en todo el mundo mercantil, porque el mayor número de personas de cada país se visten siempre con telas toscas, fabricadas en el mismo, y rara vez se encuentra en una nación más de 100.000 personas empleadas en vestir a los extranjeros. Esto se muestra en el Suplemento con respecto a Inglaterra, que es de todas las naciones de Europa, la que más suministra telas a los extranjeros.

1.16.9 A fin de que el consumo de manufacturas de un Estado llegue a ser considerable en el extranjero, estas manufacturas deben ser buenas y valiosas mediante un gran consumo en el interior del propio país. Es necesario desalentar a los fabricantes extranjeros y dar mucho trabajo a los habitantes propios.

1.16.10 Si no se empleo suficiente para las veinticinco personas de cada cien en cosas útiles y ventajosas al Estado, yo no encuentro ninguna objeción en que se estimule el tipo de trabajo que sólo sirve para adorno y diversión. El país no se considera menos rico por las mil fruslerías que sirven para entretener a las damas, o incluso a los hombres, que son usadas en juegos y diversiones, y por las mercaderías que son útiles y cómodas. Durante el sitio de Corinto se dice que Diógenes se puso a hacer rodar un tonel, para no parecer ocioso mientras los demás trabajaban. En la actualidad tenemos Sociedades, tanto de hombres como mujeres, ocupados en ejercicios y trabajos tan útiles para el Estado como el de Diógenes. Por poco trabajo que un hombre realice y que contribuya al ornato y aun a la diversión en un Estado, vale la pena estimularlo, a menos que dicho individuo no encuentre otro medio de ocuparse útilmente.

1.16.11 La inspiración de los propietarios de las tierras es lo que estimula o desalienta las diferentes ocupaciones de los habitantes y los diferentes géneros de trabajo que los primeros inventan.

1.16.12 El ejemplo del Príncipe, seguido por su Corte, puede determinar, por lo común, las aficiones y gustos de los propietarios de tierras, del mismo modo que el ejemplo de éstos influye naturalmente sobre todas las clases subalternas. Así, no es dudoso comprender que un príncipe puede, por el solo ejemplo, y sin traba alguna, imprimir el giro que más le plazca al trabajo de sus súbditos.

1.16.13 Si todos los propietarios de un país no tuviesen más que una pequeña porción de tierra, semejante a la que por lo común se destina al trabajo de un solo colono, apenas existirían ciudades. Los habitantes serían más numerosos y el país más rico si cada uno de estos propietarios ocupara en trabajos útiles a los habitantes que en su tierras encuentran el sustento.

1.16.14 Pero cuando los señores poseen grandes posesiones de tierra, necesariamente traen consigo el lujo y el ocio. Que un abad, a la cabeza de 50 monjes, viva del producto de varias haciendas hermosas, o un señor, con 50 criados, y caballos mantenidos para su servicio, viva de sus propiedades, sería indiferente al Estado si pudiese permanecer en constante paz.

1.16.15 Pero un noble con su séquito y sus caballos es útil al Estado en tiempo de guerra; puede ser también útil para la magistratura y para el mantenimiento del orden del Estado, en tiempo de paz, y, en todos los casos, es un gran ornato para el país, mientras que los monjes, como se dice, no son útiles ni ornamentales, en paz ni en guerra, salvo en el cielo.

1.16.16 Los conventos de frailes mendicantes son mucho más perniciosos para el país que los de las órdenes cerradas. Los últimos no hacen otra daño sino ocupar haciendas que podrían servir para proporcionar al Estado militares y magistrados, mientras que lo mendicantes, que no realizan ningún trabajo útil, a menudo interrumpen y perturban el trabajo de otras personas. Obtienen de los pobres limosnas que los harían más vigorosos en su trabajo. Les hacen perder mucho tiempo en conversaciones inútiles, sin contar con las intrigas que llevan a las familias, y muchos de ellos son gente viciosa. La experiencia nos demuestra que los Estados que ha adoptado el protestantismo y no tienen ni monjes ni mendigos, se han convertido visiblemente en los más poderosos. Disfrutan también de la ventaja de haber suprimido un gran número de fiestas en las que el trabajo se interrumpe en los países católicos romanos, donde la laboriosidad de los habitantes disminuye alrededor de una octava parte del año. 1.16.17 Si deseáramos obtener ventaja de todo en una nación, sería posible, según parece, disminuir el número de mendigos incorporándolos al estamento de los monjes, a medida que fuera ocurriendo vacantes o defunciones, sin prohibir estos retiros a quienes no pudieran dar muestras de aptitudes para las ciencias especulativas, o fuesen capaces de hacer avanzar las artes prácticas, por ejemplo, en algunos aspectos de las matemáticas. El celibato de las gentes de iglesia no es tan desventajoso como popularmente se piensa, según se ha establecido en el capítulo anterior, pero su ociosidad es muy perjudicial.



CAPÍTULO XVII